Beatriz Mojica: cuando la política se entiende como servicio

Por Miguel Chavira Rentería.

Hay momentos en la política en los que una persona deja de ser solamente un nombre dentro de una lista de aspirantes y empieza a representar una posibilidad. No por lo que promete, sino por lo que ha hecho; no por lo que dice que conoce, sino por el territorio que ha recorrido; y no por la posición que busca, sino por la manera en que entiende el ejercicio del poder.

Ese es, desde mi perspectiva, el momento político que vive Beatriz Mojica Morga.

Conozco su trayectoria y he seguido de cerca su manera de hacer política. Por eso creo que reducir su aspiración a una competencia interna de Morena sería quedarse en la superficie. Lo que está en juego es algo más profundo: qué tipo de liderazgo necesita Guerrero para la siguiente etapa de la transformación.

Y aquí hay una diferencia que me parece fundamental.

Beatriz Mojica no está construyendo su aspiración desde un escritorio. Su relación con Guerrero se explica en el territorio. Tan sólo en esta etapa ha recorrido más de 50 municipios en sus ocho regiones, ha escuchado realidades distintas y ha tenido responsabilidades públicas que le han permitido conocer de primera mano los problemas que enfrenta nuestra gente.

Eso importa.

Porque gobernar, dirigir o coordinar no consiste solamente en tener buenas intenciones. Se necesita capacidad para escuchar, pero también para decidir. Se necesita experiencia para distinguir entre lo urgente y lo importante. Y, sobre todo, se necesita entender que detrás de cada decisión pública hay personas que esperan resultados.

En la narrativa que acompaña este momento político hay una frase que, para mí, resume buena parte de lo que representa Beatriz: “Primero el pueblo, siempre.” No debería ser una frase más. Debería ser la regla básica de cualquier proyecto político que pretenda ser transformador.

Porque el poder público tiene sentido solamente cuando sirve.

Esa idea parece sencilla, pero en política adquiere una enorme dimensión. Significa entender que una responsabilidad no es un premio personal ni una propiedad de quien la ocupa. Es una herramienta para resolver problemas, generar resultados y responderle a la gente.

Por eso considero que la aspiración de Beatriz Mojica debe analizarse desde su capacidad para conducir una etapa que exige algo más que popularidad: exige experiencia, territorio, identidad política y capacidad de unir.

También hay otro elemento que no debe perderse de vista: su relación con Morena.

Beatriz no aparece ahora porque exista una coyuntura electoral. Su historia dentro del movimiento tiene antecedentes de izquierda. Su participación, por tanto, no puede entenderse simplemente como una aventura personal. Ella misma ha planteado que busca fortalecer a Morena.

Y aquí es donde encuentro uno de los mayores atributos de su proyecto: Competir sin dividir.

En cualquier democracia existen diferencias, aspiraciones y legítimas disputas por conducir un proyecto. El problema comienza cuando la competencia se convierte en confrontación personal, cuando los intereses particulares terminan colocándose por encima del movimiento o cuando las diferencias políticas destruyen los puentes que después serán indispensables para gobernar y transformar.

Beatriz Mojica ha entendido algo que no todos comprenden: quien aspira a encabezar también debe estar preparado para unir.

Porque después de la competencia viene la responsabilidad.

Y si algo necesita Guerrero es precisamente capacidad de construir acuerdos. La transformación no se puede quedar en discursos. Tiene que sentirse en las comunidades, en el agua que llega a las casas, en los caminos que se construyen, en la seguridad, en el campo, en las oportunidades para los jóvenes y en los resultados que modifican la vida cotidiana de las familias.

La experiencia solamente tiene valor cuando sirve para resolver.

Ese es otro punto que me parece importante. La experiencia de Beatriz no debe presentarse como una colección de cargos o responsabilidades. Su valor está en lo que esa experiencia puede producir. En la capacidad de coordinar, corregir lo que no funciona, tomar decisiones y hacer que las cosas sucedan.

En política también hay que saber reconocer las señales.

Las mediciones serias la colocan en promedio con una ventaja superior a 15 puntos sobre otros aspirantes. Es un dato políticamente relevante, pero precisamente por eso debe manejarse con responsabilidad y no declarar una victoria antes de tiempo.

Me parece correcta esa prudencia.

Quien verdaderamente confía en el respaldo popular no necesita gritar que ya ganó. Necesita seguir caminando, escuchando y esperando que sea el pueblo quien decida.

Y ahí aparece otro elemento que considero esencial: el respeto al método.

Morena tiene un mecanismo para definir a quien habrá de encabezar esta etapa. La encuesta debe ser un instrumento para que la gente decida, no una herramienta para alimentar egos.

La política necesita método, pero también necesita legitimidad y esta se construye respetando las reglas.

En ese sentido, también me parece importante la coincidencia de principios con la Presidenta Claudia Sheinbaum: el pueblo debe estar por encima de cualquier interés personal. No se trata de utilizar el nombre de la Presidenta como aval de una aspiración particular; se trata de reconocer una concepción del poder que debe ser compartida por quienes forman parte de la transformación.

Por eso, cuando pienso en Beatriz Mojica, no pienso únicamente en una aspirante a una coordinación.

Pienso en una mujer que ha construido una trayectoria política desde Guerrero, que conoce sus regiones, que tiene identidad con la izquierda desde Morena, y que hoy plantea una posibilidad de conducción basada en tres palabras que considero fundamentales: servir, decidir y unir.

Servir, porque el poder tiene sentido cuando se pone al servicio de la gente.

Decidir, porque escuchar al pueblo no es suficiente si después no se tiene la capacidad de resolver.

Y unir, porque cualquier transformación que aspire a perdurar necesita construir una ruta común.

Guerrero es demasiado complejo para improvisaciones. Nuestro estado necesita liderazgos que conozcan sus contrastes, que entiendan sus regiones, que sepan escuchar a sus comunidades y que tengan la capacidad política para convertir esa experiencia en decisiones.

Por eso creo que la discusión sobre Beatriz Mojica debe ir más allá de simpatías personales.

La pregunta no debería ser solamente quién quiere encabezar. La pregunta importante es ¿quién está preparada para hacerlo?

¿Quién tiene la experiencia?, ¿Quién conoce el territorio?, ¿Quién tiene una trayectoria que pueda ser evaluada?, ¿Quién entiende que Morena no puede convertirse en un espacio de intereses personales?, ¿Quién sabe competir sin romper?, ¿Quién puede ganar sin dividir?,

Y quién puede asumir una responsabilidad entendiendo que el verdadero jefe político de cualquier proyecto democrático debe ser el pueblo.

Yo tengo claro mi punto de vista.

Beatriz Mojica tiene una combinación difícil de encontrar: experiencia para decidir, territorio para entender, identidad para sostener un rumbo, honestidad para servir y capacidad para unir.

No se trata de un acto de fe, se trata de mirar su trayectoria y preguntarnos qué necesita Guerrero en la etapa que viene.

Y mi respuesta es sencilla:

Guerrero necesita un liderazgo que no vea el poder como destino personal, sino como instrumento de servicio, un liderazgo que no confunda firmeza con confrontación, que no confunda ventaja con soberbia, que no confunda competencia con división y que tenga siempre presente una regla que debería acompañar a todo aquel que aspire a conducir los destinos de nuestro estado:

Primero el pueblo, siempre.

Porque al final, más allá de nombres, encuestas y aspiraciones, será el pueblo quien tenga la última palabra y cuando llegue ese momento, Beatriz Mojica tendrá que responder no solamente por lo que ha dicho que quiere hacer, sino por todo aquello que ha construido para estar en condiciones de hacerlo.

Guerrero conoce a Beatriz y Beatriz conoce Guerrero.

Esa, para mí, es la diferencia.

Facebook: www.facebook.com/miguel.ch.88

Instagram: www.instagram.com/mchavirar